Una vez más nos volvimos a levantar temprano y a mal-desayunar en el backpackers para esperar a que nos vinieran a buscar y nos llevasen al mini-bus a Nihn Binh, supuestamente un paraíso para los mochileros (que es lo que hemos sido durante este viaje) y donde se encuentra lo que llaman la Bahía de Halong de tierra.
Al montarnos en el mini-bus nos dijeron que íbamos a tener que cambiar de bus, que era solo un rato, así que no nos quejamos a pesar de que a Andres le hicieron sentarse en un pequeño taburete en medio del pasillo, pero al rato nos dimos cuenta de que iba a ser mas tiempo del que pensábamos, incluso entramos en autopista con el mismo plan. Cuando paramos en una cafetería a hacer el cambio de vehiculo después de cómo una hora, Andrés increpo al guía, y le dijo que le devolviera el dinero, pero esta gente pasa de todo y se limito a sonreír y decirnos cual era nuestro nuevo bus y guía.
En el nuevo mini-bus ya teníamos asientos para todos, aunque curiosamente no era lo que pensábamos que habíamos contratado porque no era un bus directo si no uno turístico con paradas en un par de templos antes de pasar por Ninh Binh. De hecho nos dieron a elegir entre dejarnos en medio de la ciudad o acercarnos a la zona más turística, Tam Coc, pero nos quedamos en la ciudad. Anduvimos un rato hasta que nos orientamos y vimos las habitaciones de un par de hoteles distintos que recomendaban las guías para poder elegir el mejor al mejor precio posible, porque en todos los hoteles hay que regatear y además siempre tienen varios tipos de habitaciones de distintas calidades. Luego fuimos a comer a un restaurante relativamente cercano sin haber leído previamente que la dueña de nuestro hotel era una gran cocinera. Aun así comimos bien y barato como siempre en Vietnam.
Con la tripa llena y las pilas cargadas, nos fuimos en todo terreno a Tam Coc donde íbamos a dar una vuelta en barca, pero como no hacia muy buen tiempo, le dijimos al conductor que mejor hacíamos alguna otra cosa. Nos llevo a ver otro templo más en el que esta vez estábamos nosotros solos y de ahí nos llevo a la base de un mirador al que se subía por unas laaargas escaleras que nos costo como media hora subir. Llegamos arriba empapados en sudor, tanto por la humedad y el calor como por el esfuerzo, pero las vistas eran espectaculares y mereció la pena de sobra. Al bajar el todo terreno estuvo a punto de no arrancar, pero por suerte no tuvimos que empujarlo.
Después del paseo, el jeep nos llevo de vuelta al hotel, aunque estuvo a punto de no arrancar. Allí le preguntamos al dueño donde podíamos probar la famosa Bia Hoi, una cerveza de barril de la que hablan mucho en las guías y que habíamos intentado probar ya varias veces y no lo habíamos conseguido aun. Nos indicaron una zona de bares no demasiado lejos pero no llegamos, porque, como nos aviso un abuelillo Vietnamita, se puso a diluviar así que tuvimos que pararnos en otro bar a mitad de camino donde no tenían la famosa Bia Hoi.
Cuando escampo un poco, hicimos caso a la guía y volvimos a cenar al hotel. La verdad es que la señora cocinaba bastante bien, en general estaba todo bastante, bastante bueno, incluso K se atrevió con la especialidad local, cabra.





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